Enero 6th, 2010 leepiensayaktua
Durante la fase más cruda de la burbuja inmobiliaria española, alguien siempre acababa diciendo que lo de Dubai era peor. Efectivamente, en esta ciudad se habían sobrepasado todos los límites imaginables. Islas artificiales, hoteles submarinos, pistas de esquí en medio del desierto, la visible ostentación de los desarrollos inmobiliarios de los jeques de los Emiratos Árabes Unidos sólo es comparable a sus regímenes fiscales para la inversión extranjera.
Por ejemplo, en las llamadas Zonas Francas, el Gobierno de los Emiratos Árabes Unidos, a los que pertenece Dubai, establece un régimen de 30 años de exención del Impuesto de Sociedades, un 100% de los beneficios son repatriables y se pueden mantener sociedades con todo su capital extranjero. Ambiente pro-bussiness le llaman y sus portavoces suelen defender las “virtudes” de este paraíso del libre movimiento de capitales como signos de un islam moderno.
La falta total de derechos sociales de los trabajadores inmigrantes que componen el 80% de su fuerza de trabajo es otro de sus signos de modernidad.
FIN DE FIESTA. Obreros de la construcción paseando por el paraíso de cemento.
Paul Keller Además Dubai ha querido convertirse, siguiendo la vulgata de lo que deben de hacer las ciudades que quieren subir por la escala del éxito global, en un centro de consumo para los muy ricos. Su propuesta es simple, se puede resumir como: hacer que todo sea tan innecesario, estrafalario y caro como sus enriquecidos compradores.
El resultado es un Marina D’or del tamaño de un país pequeño. No contentos con tener una de las burbujas inmobiliarias más hinchadas de todo el mundo –la construcción representaba un 25% de su PIB–, los fondos de inversión de Dubai han sido unos inversores extraordinariamente activos en los mercados globales durante el ciclo anterior, siendo uno de los principales compradores de activos financieros denominados en dólares y de bonos de deuda de los gobiernos americanos y europeos.
La primera fase de la crisis, hasta el segundo semestre de 2008, estuvo marcada por unos fuertes movimientos especulativos con el dólar, el petróleo y las materias primas. Ésta fue la estrategia que utilizó Estados Unidos para trasladar los costes de la crisis a los países con alta dependencia energética y, muy en concreto, a la UE.
Durante este período, y por los mismos motivos, las rentas petroleras mantuvieron el volumen de inversiones de Dubai a un nivel muy alto, en un momento de depresión de la actividad económica. Mientras, como consecuencia de la caída de la demanda global, los precios de la vivienda comenzaban a caer, erosionando la base de la expansión de Dubai.
La caída de los precios del petróleo ha terminado por dejar en evidencia el enorme exceso de construcción inmobiliaria del emirato, la rentabilidad de algunos de sus proyectos estrella se ha desplomado y los precios de la vivienda han perdido un 50% en tan sólo un año. Los créditos necesarios para sus fortísimas inversiones en la fase de alza del petróleo se han convertido en una soga financiera en el cuello de Dubai.
En los últimos meses, los países del golfo estaban realizando movimientos para aplazar lo inevitable como la puesta en marcha de una moneda propia para dejar de depender de los movimientos del dólar que, como se sabe, están íntimamente relacionados con los precios del petróleo.
Tres semanas después de que el responsable de economía de Dubai mandase callar a todos los que ponían en duda la solvencia del emirato, el principal holding inmobiliario de Dubai pedía ampliar el plazo de pago de su deuda, amagando el impago de una deuda de 50.000 millones de dólares.
El pánico volvió a las bolsas y se generó una fuerte presión sobre los bonos de deuda pública de Grecia y de España que ha puesto en evidencia los fragilísimos cimientos de la tan cacareada recuperación.
Después de que Dubai World haya anunciado que se deshará de activos tales como El Circo del Sol o el Queen Mary II, el Gobierno de los Emiratos Árabes Unidos, que en principio había negado que fuera a rescatar al holding, ha puesto 10.000 millones de dólares sobre la mesa. Una vez más, las bolsas lo celebran con subidas estratosféricas.
* Observatorio Metropolitano
Tomado de http://www.kaosenlared.net/noticia/espejismo-financiero-emirato-dubai
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Noviembre 15th, 2009 leepiensayaktua
Con la caída del Muro de Berlín en 1989 se habló del “fin de la historia”, vieja ilusión humana que quedó hecha trizas con los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos.
Ahora una encuesta global de la BBC derrumba otro de los pilares de aquel momento de supremo optimismo, cuando el derrumbe del comunismo se equiparó con la apertura de un futuro luminoso para la humanidad.
La consulta a más de 29 mil personas en 27 países pone de manifiesto un fuerte rechazo al vencedor de la Guerra Fría: el capitalismo.
Sólo un 11% de los encuestados cree que el sistema está funcionando.
La gran mayoría piensa que se necesita una profunda reforma del capitalismo para que sirva como sistema económico-social.
La crítica es tal que hubo una fuerte división entre los que valoran positivamente el fin de la Unión Soviética y los que piensan que fue un hecho negativo.
clic ¿Y usted qué opina del capitalismo? ¡Participe!
El fin de la historia
El resultado es más impactante aún si se lo compara con el discurso dominante luego de la caída del Muro de Berlín.
El historiador estadounidense Francis Fukuyama encarnó mejor que nadie aquel optimismo irrepetible.
En un artículo de investigación publicado en The National Interest, Fukuyama argumentó que, con la derrota del comunismo, la historia había llegado a su fin porque el ser humano había encontrado dos pilares permanentes sobre los que montar una sociedad: en el aspecto económico, el libre mercado, y en el político, la democracia parlamentaria.
Los participantes de la encuesta de la BBC demuelen la otra premisa de la tesis de Fukuyama: el libre mercado no es la vía de la felicidad social
De una manera u otra, las sociedades debían llegar allí: el ser humano no tenía que buscar más allá de esta fórmula.
La historia, por supuesto, continuó y hasta se podría especular que aceleró su movimiento.
De hecho, en poco más de una década, con los atentados del 11 de septiembre en 2001, la misma caída del muro resultaba irrelevante respecto a la nueva realidad global.
Los participantes de la encuesta de la BBC demuelen la otra premisa de la tesis de Fukuyama: el libre mercado no es la vía de la felicidad social.
El capitalismo “real”
Este desencanto tiene curiosos parlalelos con lo ocurrido con el marxismo.
En el siglo XIX, el socialismo y el comunismo se propusieron expresar el descontento de los sectores más postergados del capitalismo ante la miseria y la extrema desigualdad de la época.
El problema fue que la praxis concreta del comunismo en el siglo XX llevó a una dramática divergencia entre el optimismo de las consignas (el “paraíso de los trabajadores”) y la realidad cotidiana de sociedades sometidas a gobiernos represivos y pesadillas burocráticas.
Esta diferencia llevó a los comentaristas de la época a distinguir entre un “socialismo real” y otro “ideal” que sólo existía en el universo platónico de los manuales de texto y las consignas.
Una diferencia similar se puede plantear actualmente entre el “capitalismo real” y el “ideal” que se difunde por un complejo proceso mediático y visual.
El paraíso del consumo feliz que impregna el discurso social tiene poco que ver con la percepción cotidiana de las mayorías.
La crisis económica mundial ha contribuido decisivamente a poner al desnudo esta discrepancia.
Tomado de Kaos en la Red http://www.kaosenlared.net/noticia/capitalismo-fin-de-una-ilusion
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Julio 24th, 2009 leepiensayaktua
Por Alfredo Stecher
La crisis económica mundial inevitablemente se profundizará y generalizará más, aún en el supuesto optimista de que la recuperación comenzará pronto. Los pronósticos optimistas suelen ser acompañados de condicionantes, que es muy poco probable que se cumplan, y muchos son tan precisos como que esperan el inicio de la recuperación para un no especificado momento de 2010.
Aún asumiendo que la crisis toque fondo en algún momento de 2010, basta con mirar los datos sobre el desempleo en Estados Unidos – que se seguirá agravando por la reacción en cadena en curso en la economía productiva, para percibir que éste seguirá contribuyendo a profundizar la crisis por disminución del consumo. Y evidencia lo difícil y lenta que será la recuperación hasta que haya sido reabsorbida la fuerza de trabajo que ha perdido su empleo o que no lo encontrará como había esperado (incluidos muchos MBAs preparados para ayudar a inflar la burbuja financiera y no a gestionar la creación y distribución de riqueza).
El premio Nobel Krugman escribe el 4 de julio en el New York Times que desde el inicio de la recesión Estados Unidos ha perdido 6.5 millones de empleos, y señala que hay 2 millones de empleos no creados para la asimilación de nuevos trabajadores, llegando a un 9.5% de desempleo. Señala que los agudos recortes, por reducción de ingresos, de los presupuestos estatales, es decir, de cada estado de la Unión, obligados a estar balanceados, acentúan la depresión y golpean a sectores más vulnerables. Entre estos estados destacan California y Nueva York, tanto por la magnitud de su déficit como por la escasez de mecanismos políticos viables para manejarlo.
Frente al argumento de la mayoría de republicanos sobre el peligro de inflación, que, junto con mezquinos cálculos políticos, los hace resistirse a mayores estímulos de la economía desde el gobierno central, Krugman refresca el recuerdo de 1937, año en el que Roosevelt cedió ante los opositores del déficit fiscal y agoreros de la inflación, prolongando con ello la gran depresión hasta que acabó con el estímulo de la Segunda Guerra Mundial.
Parece inevitable que haya una depresión de muchos años y que en ella se presenten, más adelante, no ahora, presiones inflacionarias, especialmente en Estados Unidos, por su altísimo endeudamiento y por la consiguiente reducción de confianza en el dólar. Pero, dadas las condiciones políticas, los conocimientos adquiridos y las herramientas disponibles, parece que se puede descartar una hiperinflación, al menos en la mayoría de las economías importantes, también en la nuestra. Y, si bien el dólar ineludiblemente bajará de valor y perderá peso en la economía mundial, seguirá siendo una de las divisas fundamentales durante un buen tiempo, al menos en la primera mitad de este siglo, marcado por la hegemonía compartida de Estados Unidos y China.
La preocupación china, una de las principales acreedoras de Estados Unidos, y su propuesta de generar una divisa internacional a partir de los derechos de giro del FMI (basados en una canasta de divisas, incluido el dólar, hasta ahora de lejos la principal), no eliminará al dólar sino que generará un mecanismo para facilitar un tránsito progresivo a una economía mundial con varias divisas, con pesos menos desiguales que ahora, que seguramente llegaría a incluir la china (ya tercera y pronto segunda potencia económica mundial).
Esto será parte del inevitable reordenamiento del sistema económico mundial para una nueva fase del sistema capitalista, en tanto no ha aparecido, ni menos madurado, otro sistema capaz de reemplazarlo para bien, como lo evidencia, además de la caída del coloso soviético, la creciente y acelerada “capitalización” de China bajo el Partido Comunista ante la inviabilidad del “socialismo” estatista. Ojalá las tensiones políticas no nos lleven a un largo período de trastornos que hagan aún más largo el sufrimiento debido a la crisis.
En el Perú son cada vez mayores las probabilidades de que la crisis económica nos afecte fuertemente y que el proceso político la acentúe y postergue su superación. Sin embargo es concebible que evitemos un desenlace catastrófico y que, así como durante décadas parecíamos destinados a la tragedia interminable, se repitan los “chiripazos” políticos, basados en las fuerzas autocurativas de nuestra sociedad enferma, que nos han llevado a la senda del crecimiento y a mayores posibilidades de desarrollo en los últimos lustros. La base para ello está en la combinación de la inversión capitalista responsable, de todas las escalas, y la creatividad de nuestra sociedad.
Tomado de: Espacio Compartido http://compartidoespacio.blogspot.com/2009/07/crisis-e-inflacion-alfredo-stecher.html
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